NUESTROS HIJOS E HIJAS TIENEN EL DERECHO A QUE NO SE CUESTIONE NI INVALIDE SU MODELO FAMILIAR

Para las familias diversas el momento donde nuestros hijos e hijas deben iniciar su proceso escolar es un momento de gran importancia. Probablemente sea la primera vez que debemos enfrentarnos socialmente a un entorno fuertemente heteronormativo donde la adecuación de nuestros hijos e hijas puede verse afectada. La diversidad familiar es una realidad en Costa Rica, y parte de esa diversidad la componen las familias cuyas madres o padres son personas de la población LGBTIQ y se vuelve imprescindible hacer visibles a estas familias. 

En el preciso momento en que solicitamos una cita en la escuela o inscribimos a nuestras hijas e hijos en cualquier centro educativo nos hacemos visibles y por tanto nos vemos obligados a forzar al mundo educativo a hablar de la diversidad familiar, de la orientación sexual y de la identidad de género. Partimos de que nuestros hijos e hijas tienen todo el derecho de disfrutar de un entorno escolar seguro e inclusivo, un espacio de socialización y de aprendizaje donde no vean vulnerados sus derechos, donde se respete y no se cuestione ni invalide su modelo familiar. 

Los niños deben poder encontrar en la escuela un reflejo de su familia, una escuela que rechaza por negación y ocultación el modelo familiar LGTBI, es una escuela que rechaza a nuestros niños.

Deben poder sentirse seguros y contar con el apoyo del personal docente y administrativo para poder desarrollarse y crecer libremente y donde poder aprender en igualdad de condiciones con el resto de compañeros y compañeras.

La invisibilidad que padecemos es en los formularios, en los libros de texto y los programas educativos o curriculares. El sistema educativo no es una burbuja; es una herramienta de cambio que tiene la responsabilidad ineludible de hacer que nuestras familias se sientan acogidas y respetadas, así como nuestros hijos e hijas.

Las resistencias de las instituciones y de unas políticas educativas que no comprenden estas alturas estas realidades como prioritarias.

El sistema educativo tiene que trabajar para la prevención de conductas homófobas y la prevención de la marginación social de las personas LGTBI y de las personas con familia diversas. Al mismo tiempo ha de celebrar la igualdad y la diversidad desde la diferencia. Esto implica promover valores y actitudes de respeto y aceptación mutuo no sólo como una forma de prevenir la homofobia, sino también como una forma de crecer y ser educado en el respeto a la diferencia y la singularidad de todas las personas.  

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